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Vida Activa

Karma: la ley de causa y efecto

Publicado por el 02/05/2017

Existe una ley, algo que controla las cosas en la naturaleza. La tercera Ley de Newton establece que si un cuerpo ejerce una fuerza o acción sobre otro, el segundo ejerce simultáneamente sobre el primero otra fuerza igual y de sentido contrario, es decir: una reacción. La podemos ver o conocer en todo nuestro alrededor. El asiento en que estamos ejerce una fuerza opuesta a nuestro peso. De la misma manera en los demás elementos existe una reacción, aunque no la podamos sentir. Por ejemplo, tal vez no notemos que el aire nos está empujando al movernos, pero ciertamente eso hace.

Ojo por ojo y diente por diente

La Ley del Karma establece que todo lo que hacemos genera una reacción opuesta. Si hacemos sufrir a alguien, recibiremos un castigo por ello. Y si hacemos el bien a los demás recibiremos una recompensa. Esto no es simplemente una cuestión de ser bueno o malo.

En realidad no existe karma bueno porque karma implica mundo material, en el que siempre hay sufrimientos. Así nos volvamos multimillonarios, siempre habrá enfermedades, vejez y muerte en el mundo material.

Cada ser posee su propio karma individual. Algunas personas disfrutan de buena salud y otras sufren enfermedades sin cesar. Unas tienen un físico atractivo y otras no. Algunas siempre están alegres y se conforman con poco, mientras que otras suelen estar de mal humor y nunca están satisfechas. Algunas personas entienden con facilidad el significado de las enseñanzas espirituales, pero otras las encuentran difíciles y oscuras.

La palabra karma nace de ‘acción’ y se refiere principalmente a nuestras acciones físicas, verbales y mentales. Las acciones que efectuamos dejan huellas o impresiones en nuestra mente muy sutil que, con el tiempo, producen sus correspondientes resultados.

Sufrimos porque hemos cometido numerosas acciones perjudiciales en vidas pasadas. El origen de estas malas acciones son nuestras propias perturbaciones mentales, como el odio, el apego y la ignorancia del aferramiento propio.

Cuando hayamos eliminado de nuestra mente el aferramiento propio y demás engaños, nuestras acciones serán puras. Como resultado de estas acciones, nuestras experiencias, nuestro mundo, cuerpo y disfrutes, y los seres que nos rodean, también serán puros. No quedará ni el menor rastro de sufrimiento, impureza ni dificultades. De esta manera, encontraremos la verdadera felicidad en nuestra mente.

Recuerda: con El karma, lo que siembras cosecharás, ley universal.

 Por Andrea Matthies

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