Tasty meat broth with parsley in a white bowl closeup. horizontal view from above

Sabor

Caldo de carne para el alma

Publicado por el 02/06/2017

Decía mi abuela que para curarse de una gripe o para levantarse de la cama luego de una convalecencia, lo mejor era un caldo, así, hecho con amor. Normalmente ella lo preparaba con cebolla y remolacha. A mi no me gustaba la remolacha pero ese caldo era delicioso. Lo servía caliente, colado. Era sólo eso, una “agüita” casi cristalina, pero sabía a dioses. Me pregunté, años más tarde, qué cosa tenía que de verdad parecía curar y levantar cualquier decaimiento. Era la esencia pura de la remolacha, era una infusión de cebollas.

Así que comencé a infusionar otros ingredientes. Infusión de celery y zanahorias con laurel y canela, infusión de cilantro, ajo y cebolla con pimienta guayabita. Hasta que llegué a la carne. Fue por casualidad. Mi mamá estaba preparando carne mechada. Tenia los trozos de carne dentro de la olla aun sin mechar. Me pidió ayuda para hacer el mechado y luego de rescatar la carne de la olla vi el caldo, sentí su aroma y pensé en usarlo para un risotto o para un arroz cualquiera. Mechamos la carne y guardamos el caldo en la nevera. Al día siguiente lo desgrasé, le quité toda esa grasa condensada que se forma en la parte de arriba del caldo y después llevé el caldo a una olla para calentarlo. Entonces recordé a mi abuela. Una sonrisa se me dibujó mientras olía y veía esas aguas que contienen todo el sabor de la carne.

Rápidamente corté (muy finamente) cilantro, ají dulce, 1 diente de ajo y cebollín. Cuando el caldo estaba a punto de hervir rectifiqué la sal, puse unos granos de pimienta entera junto al cilantro, cebollín, ajo y ají dulce. Lo apagué y puse la tapa de la olla durante 1 minuto. Lo serví en una copa parecida a las de coñac o brandy. Delicioso consomé, cristalino, color ámbar y con esas diminutas formas verdes y blancas flotando en la copa empañada.

Hagan la prueba, es de las cosas más deliciosas que he probado, aun siendo un comedor de poca carne, ese caldo de carne enriquece el espíritu y nos hará sonreír sin duda alguna.

Por Pocho Garces

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